LA PREVIA (LOGÍSTICA)
Todos los que hacemos triatlón (y pruebas similares) sabemos que uno de los aspectos clave de estas competiciones es la logística y la estrategia. Pensar en todo el material necesario, calcular los traslados, la nutrición, decidir lo que vas a dejar en boxes, lo que te llevas contigo, prever horarios… Pues a eso súmale intentar compaginar los horarios, nutrición y material también de tu peque de 2 años. Ahí la cosa ya se complica más.
No os negaré que la noche anterior estuve en un tris de dejarlo correr, no presentarme a la prueba y decirle a mi pareja que simplemente saldría en bici un rato por los alrededores de la casa porque la logística la veía demasiado complicada. Tener que levantar al peque a las 6:30, preparar todo mi material para competir mientras también preparaba al peque para pasar un día fuera de casa, trasladarnos todos con mi bici, gestionar a Lluc con los nervios precompetición y asegurarme de no olvidarme de nada ni cometer errores…
No os cuento todo esto para ponerme medallas tipo madre coraje, ni mucho menos. Pero sí quiero compartirlo porque, para mí, en esta competición este ha sido el principal reto. Poder rendir a un nivel más o menos decente sin renunciar a que mi hijo me viera competir, disfrutando a la vez de tenerlo a mi lado en esos momentos previos a la salida, para mí tan llenos de nervios e incertidumbre. Este ha sido el verdadero logro de todo esto, y un aprendizaje para mí.
SALIDA
Suena el despertador a las 5:45. Un desayuno rápido, preparar todo el material para llevarme, asegurarme de que las ruedas de la bici están bien, despertar al peque, prepararle para salir, montarle una mochila con todo lo que él pueda necesitar. Hasta el momento, todo va bastante rodado. El peque está de buen humor, todos nos encontramos más o menos bien (obviando el sueño) y salimos a la hora prevista hacia la salida. El tiempo es ideal. Cielo despejado y nada de viento. Vamos en coche, conduce Ricard. Llegamos justitos para que yo pueda dejar el material en boxes antes de que los cierren y tengamos que irnos andando hacia la salida. Lo dejo todo ordenadito en mi caja en boxes… pero ¡panic attack! Me he dejado los calcetines. Vuelvo corriendo a buscarlos, nerviosa. ¡Ahora sí! Todo preparado.
Me despido de Ricard y Lluc y nos vamos andando hacia la salida con mis compañeros del club. Nervios, risas, vamos comentando la jugada.
Me doy cuenta de que no tengo ni idea de cómo será la competición ni de ningún aspecto técnico porque ni siquiera me he mirado los recorridos y no he asistido al briefing ni me he interesado. “Uf, ahí te has colado”, pienso. Pero no he tenido tiempo material.
Al llegar a la salida, el míster Rafa nos da a un compañero y a mí una recomendación técnica. Yo digo que sí, pero en realidad, por los nervios, ni siquiera lo he escuchado. Otra vez me he colado. Nos agrupan a todos al borde del río ya para la salida. Quedan 10 minutos. Suena música épica, yo doy saltitos para entrar en calor, intento mover todos los músculos del cuerpo. Entonces el speaker nos da otra indicación. Intento prestar atención, de verdad: “Os iréis tirando en grupos antes de que demos la salida y tendréis que nadar a contracorriente hasta que oigáis el bocinazo de salida”. “Vale, esto lo has entendido”, pienso.
SWIM – 950 metros – 11min15seg (1:18 min/100)
Salto al agua, cuando quedan 2 minutos para la hora de salida. Está congelada. Se me corta la respiración mientras doy algunas brazadas contracorriente como nos han indicado. Meto la cabeza dentro para acostumbrarla al frío. Veo a mi alrededor un montón de gente desperdigada, no parece una salida de un triatlón. Entiendo que esperarán a dar la salida hasta que todos estemos más o menos agrupados en un punto. Veo una boya y entiendo que tengo que ir hacia allí, voy nadando a contracorriente. De golpe, choco con otra persona que va nadando río abajo ya. Saco la cabeza del agua y veo que todo el mundo ya está dando brazadas enérgicas en la dirección correcta. ¡Mierda! Han dado la salida y no me he enterado. ¡Pero qué injusto! Tendrían que habernos agrupado, había mucha gente en una posición súper aventajada. Pero ya no importa, esto ya ha empezado, y yo, como puedo, aprieto el botón de Start del reloj. “El peor inicio de una competición en toda mi vida”, pienso. “Ni siquiera me he enterado”. Empiezo a nadar río abajo con toda la multitud, ahora sí. Pero estoy nerviosa, la he cagado. Entre el frío y los nervios, noto que llevo las pulsaciones por las nubes. Pero cojo un buen ritmo y adelanto a bastantes personas. Empiezo a dar más fuerte con los pies, son pocos metros así que no voy a reservarme. Cuando ya empezaba a ir cómoda, trago un montón de agua, y me quedo sin respiración. Con las pulsaciones tan altas, no puedo permitirme desperdiciar ni una pizca de oxígeno… y aquella bocanada de agua me mata. Toso, intento que me entre aire como sea. Empiezo a agobiarme muchísimo. Me recupero un poco y sigo. Cuando había acompasado de nuevo el ritmo de la respiración, pam, otra vez. Bocanada de agua, y esta vez tengo que parar del todo. Abro la boca como un pez para que entre oxígeno, súper agobiada. Me pongo a nadar de espaldas, para no entorpecer tanto a los demás y avanzar algunos metros pese a estar muy apurada. Me adelantan muchas personas. Mierda, mierda. Desmotivada, sigo nadando, pero sé que he perdido muchas posiciones. Adelanto a gente, pero, con lo corto que es el recorrido, no me da tiempo a volver a situarme en una buena posición. Visualizo el punto donde salimos del agua, al lado de un puente. Veo que hay otro puente, mucho más bajo, justo antes de llegar a meta… lo que no veo es que tiene una pilastra gigante contra la que casi me estampo. “Ya van dos, vaya día llevo”, pienso. Llego al pantalán donde termina el segmento de swim. Cojo la mano de los voluntarios que nos ayudan a salir. “Menudo desastre de segmento”, pienso.
TRANSICIÓN - 3min45seg
Salgo contenta porque ya tengo el segmento de natación superado, pero me olvido de ir desabrochándome el neopreno por el camino. Voy más pendiente de ver si veo a Lluc y Ricard. Los veo y me saludan, y me da un súper chute de motivación. Me saco el neopreno una vez llego a mi caja, y me lo tomo con bastante calma para ponerme el casco, las gafas, los manguitos (con la piel mojada no suben todo lo rápido que deberían). Finalmente cojo la bici y salgo corriendo. Sé que no he hecho un buen segmento de swim y que la transición ha sido más larga de lo que debería.
BICI – 1:50 (31,2 km/h).
Me subo a la bici cuando indica el juez. Y empiezo a pedalear. La temperatura es perfecta. De momento, parece que no hay viento. Cuando salimos del circuito urbano, me pongo cómoda en los acoples y le doy fuerte a las piernas. Y empiezo a adelantar a gente. Alucino. Es la primera vez en mi vida que en una competición adelanto a personas en la bici. Cogemos una carretera llana, y me acoplo todavía más. Noto que he estado entrenando bastante esta posición en la bici en los entrenos en el Prat. Aumento la cadencia y sigo adelantando. Pero lo fuerte es que no voy sufriendo. No me cuesta nada. Oigo las ruedas de la bici rodar muy rápido, casi como el rugido de una moto. Miro el reloj y veo que estoy yendo a 36 km/hora. “Tiene que haber alguna trampa”, sospecho. Sigo hasta que, en un punto, hay un giro de 180 grados para volver por la misma carretera en la otra dirección. Y ahí veo la trampa. Empieza el viento en contra. Había estado rodando con el viento a favor, de ahí ese ritmo loco. Pero, para mi sorpresa, ese viento en contra lo que hace es ayudarme todavía más. Adelanto a muchas personas. Obviamente, la velocidad baja drásticamente (ahora voy a 28km/h), pero mis sensaciones no son para nada malas. Al revés. Noto mucha fuerza en las piernas. Voy súper acoplada, hecha una bolita, todo lo que puedo. Voy “jugando” a adelantarnos con otra chica. Ella me adelanta. Luego reúno fuerzas y la adelanto yo. Y así varias veces. Finalmente, pasamos por el punto en que empieza la segunda vuelta.
Son dos vueltas de 28 km. Cuando empieza la segunda vuelta, sé que ya lo tengo. La ida es casi ir volando, y la vuelta serán 14 km de apretar los dientes y pedalear contra el viento. “Vamos, Andrea”, me voy animando. Me tomo un gel con cafeína antes de afrontar estos últimos 28km. Sonrío: la logística está superada, estoy compitiendo, ya llevo la mitad de la bici, voy comodísima, esto está molando. A la ida de la segunda vuelta, vuelvo a ponerme a velocidades (para mí) supersónicas… 38 km/h. Sé que, cuanto más vuele a la ida… más sufriré a la vuelta. Doy la vuelta de 180 grados para encarar el último tramo. El viento vuelve a pegar fuerte, más que antes. Pero esto ya está hecho, estoy disfrutando. Nos vamos animando con algunas chicas con las que me cruzo. “Venga, esto ya lo tenemos”. Aprieto los dientes y le doy fuerte a las piernas. Miro en el reloj las pulsaciones, las llevo bastante altas. Pero me da igual, porque ya termino. Entramos en el pueblo y el viento baja… ¡Solo quedan 4 km hasta meta! Aumento el ritmo, aunque no soy la única. Algunas de las personas a las que había adelantado hace un rato vuelven a estar cerca de mí. Pero me fijo que no hay nadie más con el dorsal rojo del Aquabike.
No tengo ni idea de en qué posición voy, pero creo que no tiene que ser mala. Sé que he hecho una buena bici. Entro en boxes corriendo, y veo a Lluc y Ricard sentados en el suelo animándome. Felicidad suprema: haber terminado, la satisfacción de que las cosas me hubieran salido bien al final y encima ver a mi hijo en meta… Entonces recuerdo por qué hago todo esto y me alegro muchísimo de haberme presentado a competir. Sé que el chip ya no me está marcando y voy andando descalza hasta el arco de meta. Cuando estoy entrando, veo a otra chica con el dorsal rojo del Aquabike detrás de mí. Y oigo al speaker: “¡Y aquí tenemos a la segunda y tercera clasificadas del Aquabike!”. Nos cogemos de la mano y entramos juntas levantando los brazos.