Parte I: SWIM
A las 4:45 sonaba la alarma. Pese a la oscuridad y el frío y la perspectiva de tirarme 12 horas seguidas (en el mejor de los casos) haciendo deporte, me sorprende que me levanto con ganas y una energía arrolladora. Salto de la cama y voy a la cocina a preparar los bidones y el desayuno. Desayunamos en el apartamento con los compis y terminamos de prepararlo todo. Salimos a la hora programada para ir a buscar el autobús que nos lleva al lago de Landa. Llegamos y ya está amaneciendo, cosa que se agradece. No hay nada de viento y la temperatura es fresca. De momento, tenemos todo de cara para que sea una jornada espectacular.
Llegamos a las bicis y con nervios vamos colocando los bidones, las barritas y geles. Últimas visitas al baño. Pasamos por la T1, nos ponemos el neopreno y nos untamos con vaselina. Se aproxima ya la hora de la salida, y vamos acercándonos al agua. No tengo muy claro si probarla antes o no, porque sé que luego, si me mojo, tendré frío. Al final, veo que todo el mundo lo hace, así que decido que no voy a ser menos. Luego me arrepiento porque, efectivamente, salgo tiritando.
Pero ya no sé si es el frío o los nervios o una mezcla. La gente ya está en los cajones de salida y nosotros también vamos hacia allí. Suena música épica de fondo, el speaker habla de lo difícil que ha sido para todos llegar allí y yo me pongo a llorar, me desmonto... Suerte que estoy rodeada de mis compañeros, que me abrazan. Incluso gente desconocida me consuela.
Me coloco en mi cajón de salida. Me pongo en el de 1h10m, aunque sé que mi idea es ir algo más rápido. Mentalmente, siempre prefiero adelantar que sentir que todo el mundo me adelanta. Vamos saliendo cada 6 segundos, en formato Rolling start. Finalmente, me toca a mí, y avanzo decidida hacia el pantano. Me lanzo y empiezo a nadar. El agua está buenísima y la sensación de que sea agua dulce es agradable. Empiezo a nadar cómoda y, como preveía, empiezo a adelantar a muchísima gente. El primer parcial, de 500 m, me sale a 1:35/100m. Perfecto. Sin darme cuenta, estoy ya en la primera boya de giro, y ya llevo 1500 metros. Estoy disfrutando. Empiezo a nadar con mayor frecuencia de brazada, y todavía sigo adelantando a más personas. Me planto en la mitad, 1900 metros, y sigo comodísima. Ya encaramos la vuelta. Voy dejando boyas rojas a mi izquierda, y los metros van pasando. Ya veo tierra firme más cerca y todavía aumento más la frecuencia de brazada y reduzco la velocidad de la patada. Quiero reservar piernas, pero aun así sigo adelantando a gente. Finalmente, encaro ya la última boya de giro para entrar en meta y empiezo a oír al speaker. ¡Esto ya está! Pararé el crono antes del tiempo que tenía previsto, que era 1h05. Nado hasta que casi me tocan las manos al suelo. Prefiero eso que andar patosamente tratando de esquivar algas y abrirme paso por el agua. Finalmente me incorporo y paro el crono: 1h03h. Sensaciones perfectas. Sonrío: todo está yendo rodado. ¡Seguimos!
Parte II: BIKE
Voy corriendo (como puedo) por la alfombra roja, choco manos con el speaker y encaro la T1, con bastante parsimonia.
Ya tenía decidido que no me estresaría en las transiciones, que me tomaría mi tiempo para no cometer ningún error. Los errores en un Ironman se pueden pagar caros y a mí las prisas suelen jugarme malas pasadas. Prefiero mantener la cabeza fría y pensar las cosas varias veces. Me encuentro a mi compi Fede, nos saludamos rápidamente y él se va. Yo me saco el neopreno con cuidado, me seco los pies y me pongo calcetines y las calas. El casco, las gafas, los manguitos y una chaqueta. No quiero pasar frío, a mí el frío me roba mucha energía. Siempre puedo quitármelo si luego me sobra. Voy trotando hacia la bici, la encuentro rápidamente porque está muy bien indicado. Me dirijo hacia la salida de la T1 con la bici sujeta por el sillín y, tranquilamente, me subo cuando el juez lo permite. Empiezo a pedalear: comienzan los 180 km. Son 2 vueltas de 75 km y una de 30. Tengo que concentrarme en comer y beber lo que tengo planificado por el nutri Marc, si no quiero cagarla. Los primeros km voy algo insegura. Como era de prever, me adelantan todos los cracks. Intento no hacer mucho caso, concentrarme en lo mío.
Los kms empiezan a pasar, y me fijo un objetivo: terminar la primera vuelta. Hay un montón de gente animando, el paisaje es espectacular. Cada 40 minutos como algo. Barrita, un gel, las pastillas de sales, voy bebiendo todo el rato isotónica y agua. Entre esto y la de gente que te sale al encuentro a animar, los kilómetros vuelan. Pasamos por Vitoria y ya encaramos los últimos km de la primera vuelta. Empiezan a dolerme un montón las lumbares y me preocupo. ¡Solo es el km 70! ¡¿Cómo aguantaré hasta el 180?! Pero sigo pedaleando... y, mágicamente, en un rato se me pasa. Vuelvo a ir cómoda y ya hemos terminado la primera vuelta. Venga, va. Siguiente objetivo: avituallamiento del km 96, donde tengo previsto parar, ir al baño, valorar si quitarme la chaqueta, repostar isotónica y agua y estirar un poco las piernas. Me siento mucho más cómoda, en las bajadas cojo velocidad, voy acoplada cuando toca y en las subidas le meto caña. La media de km/hora me sale mucho más alta de que lo tenía planificado. Todo el rato me viene a la mente mi entrenador Rafa: "¡¡Hay que reservarse para el run!!". Pero yo me siento tan cómoda... decido ir por sensaciones, y seguir a 28km/hora. Para mí es una buena velocidad, pero me adelanta TODO EL MUNDO. Me llegan a adelantar miles de personas. Es desmoralizador, pero intento no pensar en ello y seguir disfrutando. ¡Ya estoy en el km 96! Paro, los voluntarios se desviven por ayudarme, me acercan el agua y la isotónica a la puerta del WC, increíble, les doy mil gracias. Decido no quitarme la chaqueta porque el viento es fresco y cada vez más fuerte. Continúo. ¡Ya voy por más de la mitad, y voy fresca como una lechuga! ¡Esto mola! ¡Vamos a terminar la segunda vuelta!
Empieza a hacer más viento, y la cosa se complica. La mayoría de las personas que animaban se han marchado a comer, y aquello está más solitario. Pero ya estoy acostumbrada a pedalear en solitario. Voy cantando, me fijo en los paisajes, en los animales que voy viendo... ¡Me estoy divirtiendo! Km 130... ¡Esto se termina! Empiezo a estar cansada y en algunas zonas el viento es bastante fuerte. Pero no queda nada. Termino la segunda vuelta y ya cojo el desvío hacia la última vuelta, la más corta, de 30 km. Esta vuelta se hace un poco más larga, parece que los km no terminan nunca. ¿Ahora tengo que correr una maratón, me voy preguntando? No sé cómo lo haré... Voy negociando conmigo misma, mientras trato de no pensar en que estoy cansadísima. Nos acercamos a Vitoria, con mucha menos animación. ¿Seré la última? Sé que no, pero el pensamiento es desmoralizador. ¡Entramos ya en el casco antiguo! Ahora sí que se termina... ¡Vamos, Andrea, últimos kilómetros!
Parte III: RUN
Llego a la T2 entre los gritos de la gente que anima, pero me concentro a tope para bajarme de la bici con algo de dignidad. Sé que estaré muy dolorida y cualquier paso en falso podría hacerme caer y perder tiempo. Me quito las calas y entrego la bici al voluntario que me la dejará en el rack, y yo, calas en mano, voy corriendo a coger mi bolsa de equipación del Run. Pero ¡sorpresa! No puedo correr: no me noto los pies, me duele mucho la lumbar y las piernas me fallan. Voy trotando como puedo hasta la T2 e intento tranquilizarme: "Pasará, seguro que pasará". "Venga, Andrea, a ti te encanta correr, has disfrutado un montón los entrenamientos de run y las tiradas largas: esto es una tirada larga más". Me quito la chaqueta, me cambio de calcetines y me pongo las bambas, y salgo corriendo. El dolor ha mejorado, ahora sí puedo correr.
El primer km me sale a 4:30. Me estoy flipando, claramente. Me noto más o menos cómoda... durante exactamente... 5 minutos. A partir de allí, empiezo a notar mucho dolor de barriga. Noto como si tuviera un amasijo, una bola gigante de barritas y geles de la bici y de avena, cornflakes y arroz de los últimos días... Me paro, me sujeto el lateral para calmar el dolor y empiezo a correr así. Se me cae el mundo a los pies: 42 km con esas sensaciones... Y solo llevo 2. Pero sigo. Decido pararme en todos los avituallamientos, pero prefiero no comer nada para que el dolor de estómago no vaya a más. Mentalmente, empiezo a fraccionar la carrera en las 4 vueltas: "Venga, solo son 10,5 km para terminar la primera vuelta y ya llevas 3, dale, dale". Los ritmos me salen a 5:15, no está mal. El dolor de barriga va bajando, pero igualmente decido que es urgente que vaya al baño para correr más ligera. Finalizo la primera vuelta y eso me anima. Consigo tomarme un gel con cafeína, y encaro ya la segunda vuelta. Km13... "Va, esto ya está mejor". Voy todo el rato negociando conmigo misma. Termino la segunda vuelta, paso por la meta y veo que ya hay gente entrando. Me produce una sensación agridulce: en parte, me derrumba pensar lo que me falta todavía para llegar yo misma a meta, y, en parte, me motiva a seguir porque yo también quiero vivirlo. Km 21: ¡solo queda la mitad! Aparece Rafa y, móvil en mano, me dice que le mande un beso a Ricard: eso me da un chute de motivación. ¡Sé que me están siguiendo y no puedo decepcionarlos! Me tomo otro gel, voy parando en los avituallamientos. Las sensaciones son horribles, pero todavía tengo algo de energía dentro de mí. Voy pensando estrategias para engañar a la mente y evitar parar... Pienso en mis compañeros, en cómo celebraremos todos juntos que hemos terminado. Km26... ¡va, esto se acaba, Andrea! La gente está volcada animando, pero cada vez los oigo menos y reacciono con mayor dificultad. Levanto pulgares, les dirijo una media sonrisa, y luego vuelvo a concentrarme en mis pensamientos. Adelanto a Manu, compañero del equipo, que va caminando por dolores. Yo también decido mi estrategia final: hasta el km 35 voy a correr sí o sí, pase lo que pase, Pero, luego, del 35 al 40, me regalaré caminar un ratito... porque no puedo más. Cada vez que paro en un avituallamiento, se me hace más duro arrancar otra vez. No me entra nada de comida, lo máximo que puedo hacer es chupar una naranja y beber algo de Coca-Cola. Recuerdo tomarme pastillas de sal de milagro. Km 32... Voy corriendo por una zona bastante solitaria, y me pongo a llorar: "Pero, qué c*** hago aquí? Quiero estar con mi hijo, no quiero estar aquí, no quiero estar aquí...". Es lo único que me pasa por la cabeza. Pero sé que no voy a abandonar, solo quedan 10 km. Sigo y en el km 35, me paro. Empiezo a caminar y me planteo hacer 5 km andando. Pero solo la perspectiva de caminar 1 hora entera más me horroriza. Decido que voy a hacer 500 metros caminando y 500 trotando. Voy avanzando así a duras penas hasta el km 40. La gente me anima y yo solo puedo mirarlos con una mueca de sufrimiento... Se me hace eterno, ya no sé si es peor caminar o correr. Al menos corriendo los metros pasan más rápido, pero es que ya no tengo energías, me mareo... Incluso se me van cerrando los ojos...
Pero de repente, aparece Rafa: “¡Andrea! ¡Últimos 800 metros a meta! ¡¡Corre!!”. Último chute de motivación: es verdad, ya oigo al speaker y la gente me anima, corea mi nombre... Corro como puedo y entro en la Plaza de España... Los focos, las luces, la gente animando, la música... y la alfombra roja. ¡Síiiii! ¡¡¡Ya estoy!!! Paso corriendo el arco de meta, levanto los brazos, y me derrumbo y rompo a llorar. Oigo: WELCOME, ANDREA, YOU ARE AN IRONMAN!! Me doy la vuelta para ver mi tiempo, aunque es lo de menos: 12:08. ¡LO HE CONSEGUIDO!