Ironmum

Andrea Carroggio
LA PREVIA
1a TIRADA
2a TIRADA
3a TIRADA
4a TIRADA
LLEGADA

LA PREVIA

En esta ocasión, tengo que admitir que la semana previa los nervios me carcomían. La incertidumbre de la meteorología, el saber que iba a pasar más de 10 horas en una barca en medio del mar, el sentirme poco preparada, la falta de experiencia en una travesía de este tipo y, como siempre, toda la logística familiar eran temas que me bailaban en la cabeza como pasan las figuras de una tragaperras por la pantalla. Y yo era el jugador dándole al botón y echando monedas sin parar.

Todas estas preocupaciones y el no dormir en la comodidad de casa, hicieron que la noche anterior descansara no más de 4 horas. Sin embargo, cuando me sonó el despertador a las 5:00 (o mi hijo me despertó, ya no recuerdo qué fue antes), me sentía preparada y dispuesta a afrontar lo que viniera. El día, como queriendo ilustrar mi estado de ánimo, amaneció gris, pero con un gigante arco iris en el cielo.

Preparé todos los avituallamientos, me puse el neopreno y desayuné, y salimos con Ricard hacia el puerto donde me esperaba el resto del equipo.

Al llegar, ya estaba allí todo el mundo, los barcos, los demás equipos y toda la organización. No estaba sola, había muchos más “locos” dispuestos a hacer lo mismo. Eso me terminó de tranquilizar.

Se acercaba la hora de salir, pero, antes, nos reunimos en un corro alrededor de la coral @mankiband para rendir homenaje a las personas que en los últimos meses habían fallecido víctimas del cáncer. Ese era el motivo por el cual yo estaba allí ese día. En ningún momento se me había olvidado. La emoción terminó de apoderarse de mí y rompí a llorar mientras la coral cantaba una canción que, a medida que avanzaba, se iba convirtiendo más en un canto a la vida. Al final aplaudimos en homenaje a los que ya no estaban y como reconocimiento a los que sí teníamos la suerte de poder nadar ese día.

Siguiente

SALIDA Y PRIMERA TIRADA

Después de la lloradita, los abrazos con los compañeros y con Ricard, ya fuimos hacia la barca: “al lío”, como se suele decir. Cargamos todo en el barco, nos dimos cuenta de que iríamos apretaditos, y nos dieron la salida. El barco zarpó mientras los que íbamos a nadar nos poníamos la vaselina, gorro, gafas, últimos ajustes al neopreno. Y saltamos al agua.

Los primeros metros fueron de sensaciones buenísimas, sentía cómo me deslizaba por el agua, las brazadas acompasadas con las de mis compañeros Aleix, Álvaro y Jose. El sol nos iluminaba mientras nadábamos entre los barcos, las illes Medes, y los metros iban pasando. La ansiedad por no estar a la altura y quedarme muy atrás se redujo al ver que podía aguantarles el ritmo. A los 2800 metros, Jose y Álvaro, que iba sin neopreno, subieron al barco. Aleix y yo comimos algo y seguimos nadando. Cuando llevábamos en torno a los 4000 metros y algo más de 1 hora nadando, empecé a notar que mi técnica decaía. Aunque la corriente nos ayudaba, cada vez me costaba más seguir a Aleix. Nadé 500 metros más y pedí subir al barco.

Total de la primera tirada: 4500 m.

Anterior
Siguiente

SEGUNDA TIRADA: LA PRIMERA CRISIS.

La única regla de la travesía por relevos es que siempre hubiera un nadador en el agua. Nosotros teníamos al pobre Aleix nadando sin parar mientras los demás comentábamos la jugada desde el barco y lo animábamos entre risas, conscientes de que en breve nos tocaría volver a saltar al agua a alguno de nosotros.

Yo comí un bocadillo que me había traído y, a los 3/4 de hora, volví a tirarme. Quería aprovechar las buenas condiciones del mar, ya que, hasta el momento, teníamos corriente a favor. Los primeros metros fueron bien, había recuperado, pero al poco rato, acercándonos ya al Cap de Begur, empezó a levantarse más mar de fondo, viento y el día se nubló. Las olas eran cada vez más altas y me meneaban de un lado a otro, mientras yo daba brazadas como podía. Pero a veces no tenía la fuerza suficiente para vencer el ímpetu de la ola. A lo lejos, veía el barco subir y bajar y a Aleix lo perdía de vista a cada ola. Empecé a agobiarme. Me acerqué nadando al barco a pedirles agua, aunque lo hice solo para ver que todo estaba bajo control.

Me costó alcanzar la botella porque la proa de la lancha se levantaba con las olas. En ese momento, se tiró Álvaro y David. Yo había empezado a hiperventilar y estaba, sinceramente, muy angustiada. Álvaro me dijo: “Si sigue así, esto no va a durar. Nos van a sacar”. Ahí ya no pude disimular más el miedo y me confesé: “tengo mucho miedo”, le dije. Hiperventilaba cada vez más, por lo que me acompañó a la escalera del barco para salirme del agua.

Total de la segunda tirada: 2800 metros

Anterior
Siguiente

VUELTA A LA CALMA Y TERCERA TIRADA

Subí al barco temblando y con la respiración agitadísima. Me ofrecieron una bolsa para respirar, pero vi que me iba calmando al ver que la situación desde arriba del barco no se percibía tan crítica. Sí, se había levantado oleaje, viento y el día estaba feo, pero íbamos a sobrevivir. Fui respirando e incluso me reí con las bromas de mis compañeros. Pude comer algo y recuperarme del todo. No las tenía todas conmigo porque me daba miedo volverme a tirar y volverme a agobiar, así que decidí esperar un rato más a volver al agua. Los demás valientes sí habían seguido nadando, así que yo podía recuperar bien. Al rato, salió Aleix: 14km de una única tirada había hecho el tío.

Volví a tirarme cuando vi que el mar se había calmado un poco, una vez pasamos el Cap de Begur. Había olas, pero no eran como las de antes ni de lejos. Iba a buen ritmo, dejaba atrás a mis compañeros que ya llevaban más tute en los brazos. A ratos, ellos me adelantaban. Sin embargo, mis sensaciones no eran las mejores. Las olas me molestaban al dar las brazadas.

Sin duda, me habían faltado entrenos en el mar y, sobre todo, entrenar en condiciones parecidas a esas. Tenemos la costumbre de buscar siempre las mejores condiciones para entrenar sin acordarnos de que el día de la competición no podremos elegirlas. Mientras pensaba en eso y nadaba bastante incómoda, mis compañeros desde el barco me ofrecieron comer o salir del agua. Opté por lo segundo.

Total de la tercera tirada: 2800 metros.

Anterior
Siguiente

SEGUNDA CRISIS Y CUARTA TIRADA

En ese momento, empezó una de las partes más duras a nivel mental. Llevaba ya 10 km nadados, sabía que quería y tenía que nadar más, pero mi cuerpo no estaba por la labor. Me estaba pasando factura el mal rato que había pasado y el cansancio. No me entraba nada de comida, tantas horas con el neopreno puesto, apretándome el estómago, el vaivén del barco, la postura encogida… no eran las condiciones ideales para recuperar después de nadar. Pero me sentía muy mal de estar sentada en el barco: veía a mis compañeros en el agua, luchar contra las olas, y me sentía culpable de no estar nadando también. Pero sabía que ese era el plan, era una travesía por relevos, se trataba de eso. Pero la culpa no me dejaba en paz. Y a la vez, solo de pensar en tener que volver a nadar se me hacía un nudo en el estómago. Así estuve bastante rato. Mis compañeros en el barco me amenizaban el rato, pero dentro de mi cabeza tenía lugar una lucha.

Finalmente, decidí que al llegar a Formigues nadaría el último tramo hasta la Playa de Calella. Pasara lo que pasara, no me dejaba otra opción. Mi mente buscaba excusas, intentaba encontrar la manera de restar metros. Pero apartaba todos esos pensamientos. Al llegar a Formigues, Aleix se subió a la barca después de haber nadado más de 20km. Álvaro estaba decidido a nadar hasta el final. David y yo nos tiramos y empezamos a nadar. Pasado el primer choque térmico, sorprendentemente las sensaciones fueron buenas. El color del mar era de un azul intenso precioso, el agua estaba calmada y en el fondo del mar en les Illes Formigues se veían peces impresionantes. El pueblo de Calella se dibujaba al horizonte, con sus casas blancas y el anhelado arco de meta, pequeño en la distancia.

Anterior
Siguiente

LLEGADA

Aunque el recorrido era mucho más rápido si se hacía en línea recta, había que bordear la zona de boyas y barcos. Íbamos a ritmo lento, porque nos íbamos esperando con el resto de los compañeros, e íbamos sacando la cabeza para no desorientarnos. Pero, pese a eso, los metros iban pasando y cada vez que levantaba la cabeza veía el pueblo más cerca. Estaba cansada, pero me iba invadiendo una enorme sensación de bienestar e ilusión, simplemente porque sabía que mi familia estaría en la playa. Mi hijo estaría esperándome en meta. Finalmente, dimos el último giro, y ya encaramos la última “recta” hacia el arco de llegada. Se oía al speaker, se veían ya las siluetas de las personas esperando en la playa y de otros nadadores llegando. Estábamos cansados, pero esto se estaba terminando. Finalmente, di unas últimas brazadas en las que las manos tocaron tierra, y me levanté. Y vi a mi familia en meta y, casi en primera fila, a mi hijo gritándome.

Lo cogí y lo abracé y, a la vez, dediqué una mirada arriba, más allá del arco de meta que tenía sobre mi cabeza, por si todos los que ya no estaban con nosotros y, en especial mi madre, también estaba celebrando nuestra llegada. Incluso me pareció oír la frase que siempre me decía cuando me recibía en meta: “Ay, hija, qué bestia eres”.

Distancia total 13,5 km.

FIN

Anterior